Libros y Poemas de LUJEDUOR

January 20, 2012

La Triste Espera de un Tonto Enamorado ©

Filed under: Uncategorized — lujeduor @ 11:36 pm

Poesía Libre.
Cuantas horas en la noche fría parado en la plaza la esperé,
con un libro entre mis manos, para leer mientras llegaba.
Más no pude entender lo que leía
por la impaciencia y la zozobra de la espera.

Pocos transeúntes iban y venían
y unos novios sentados en los escaños se besaban,
mientras yo nervioso y angustiado me paseaba
por la acera lacerada de la plaza de mi pueblo.

Setenta y dos puntas de la reja
que resguardaba los flores yo conté,
o sea, veinte por lado pues era un cuadrado;
menos ocho que con el tiempo se rompieron,
por el oxido y la imprudencia de los chicos
que jugaban en la plaza a las carreras y escondidas.

Entre seis y siete, me dijo que la esperara,
cuando su padre se fuera para el trabajo en el turno de la noche.

Siete y quince y no aparece,
seguro que su padre, ya va retardado a su labor.
Seis rosas rojas, tres rosadas, nueve margaritas,
y cuatro pétalos marchitos,
en el pequeño vergel  tres veces yo conté,
mientras otros quince minutos, el tiempo se llevó.

A lo mejor su madre los platos le dijo que lavara
y no demore más que un ratico en llegar,
y así a nuestro amor, rienda suelta podamos dar,
sin pensar en problemas de la austera sociedad.

Ocho de la noche y aún  no viene.
Tres parejas de novios ya se fueron,
y otras dos en este lapso han llegado,
y yo, aun solo y desesperado.

Recorro de esquina a esquina
los sesenta metros de frente que tiene la plaza
mientras mis ojos se desorbitan mirando en lontananza,
a ver si la veo por fin aparecer.
Y si tuviera catalejos,
seguro mas allá yo miraría.

A las ocho y veinte ya cansado
y con la aflicción en mi rostro reflejado,
me siento en el escaño de la esquina que dejaron
unos enamorados que felices se marcharon
y el aroma de su amor allí quedó,
convirtiendo mi esperanza en mil suspiros.

¡Ay! cómo la angustia me deprime,
cómo mis ojos se humedecen
y el frío se cala hasta mis huesos.
¡Ya no viene! Me digo para mis adentros,
prometiendo marcharme a casa a las ocho y treinta.
Seré fuerte y  no la esperaré más,
ni mañana cuando vaya para al colegio
en la esquina de la quince con novena me verá.

Pero siempre con un poco de esperanza,
me levanto y camino decidido
en dirección hacia su casa.
Más luego de haber recorrido dos cuadras
regreso  de nuevo  a mi soledad
Pensando acaso si no viene en otra dirección,
y al no verme retorne equivocada hacia su hogar.

Prometo no esperarla sino hasta las nueve.
Y así entre el grillar de los grillos y el croar de las ranas,
y con el corazón destrozado,
transcurra el tiempo por mi determinado.

Son las nueve y diez;
Ya no viene.
Y por fin a ultranza me voy para mi casa;
pues por mucho tiempo y transido de cansancio,
como un  tonto, en la plaza la esperé.

Luis Duque Octubre 24 y 25 de 2011

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